martes, 9 de septiembre de 2014

J.M. GUELBENZU regresa con un nuevo caso, el séptimo, de la Juez Mariana de Marco



J. M. Guelbenzu se alimenta de los clásicos del género para retomar la carrera judicial de Mariana de Marco. En esta ocasión la intriga parece estar resuelta desde el primer momento, pues un más que evidente suicidio, no da para muchas indagaciones. Sin embargo, la muerte siempre cruel e implacable de una persona, no parece estar afectando a ninguno de los familiares cercanos a la víctima, que buscan pasar página lo más rápido posible. Un contrasentido que se hace aún mayor al constatar el carácter tradicional de las familias, y que termina alertando a la juez de extrañas y ocultas motivaciones. Mariana se niega a aceptar, en un arrebato de justicia solidaria, la versión que podría llegar a imponerse. Suspense, juego psicológico e investigación se dan la mano en una trama que promete hacer las delicias del lector ávido de historias inteligentes, elegantes y efectivas. 

Aunque la juez Mariana de Marco ya ocupa un lugar destacado dentro del género de la novela policíaca, en este nuevo y complejo caso tendrá que compartir protagonismo con el periodista Javier Goitia, el cual asumirá un rol dentro de la investigación que resulta determinante. Una vez más, Guelbenzu vuelve a demostrar su buen hacer a la hora de construir personajes que, si bien enmarcados en un círculo de crimen y misterio, no pueden evitar mostrar sus propios dramas, particularidades y su naturaleza más íntima. Llegado a ese punto es cuestión de, como bien saben los personajes protagonistas, estar al quite, atentos a cualquier comentario, descuido o silencio del sospechoso que permita encarrilar con tino la resolución del proceso. 

Sinopsis: 

Ayudar a una extraña puede traer a veces complicaciones inesperadas que el buen samaritano de turno ni siquiera se llega a plantear cuando se decide a intervenir... Que se lo pregunten, si no, a Javier Goitia, un curtido periodista de investigación, que tras una larga trayectoria profesional acaba de ser despedido. Recién llegado a la ciudad de G... busca pasar unos días que le permitan la tranquilidad necesaria para replantearse su futuro. Sin embargo, la realidad distará mucho del plan y no será precisamente sosiego lo que encuentre... Una noche de copas intenta auxiliar a una mujer que ha sido agredida en un oscuro callejón del que inesperadamente sale corriendo un hombre. Javier se abalanza sobre él e inicia una persecución, y posterior pelea, que se salda con la detención de ambos por parte de la policía. 

Ante la desconcertante desaparición de la víctima, y ya puestos a disposición judicial, la versión del periodista queda en entredicho por la declaración de su rival en la disputa, Francisco Llorente, hijo pródigo de un rico empresario de la zona. Éste último mantiene que él también había entrado al callejón a ayudar, y que fue allí donde Goitia se confundió de hombre. Tras las primeras diligencias, Javier es llevado ante la juez, que no es otra que aquella enigmática y atractiva dama con la que coincidió en el tren que le llevaba hasta G... y que le había dejado tremendamente fascinado. Ya puede poner nombre a la mujer que tanta atracción y admiración le había despertado: Mariana de Marco. 

Mariana se halla centrada en la instrucción de un supuesto suicidio: una rica y bella mujer, de profunda moral católica y familia de postín se había tirado por el balcón de su casa. Un caso que no acababa de convencerla a pesar de que todas las evidencias parecían contundentes. Javier, mientras tanto, decide por su cuenta seguir investigando el caso de violación en el que había intervenido; en el fondo, no puede desligarse de su trabajo, y hacer confesar su felonía al tal Llorente se convierte para el reportero en un problema de interés personal. Todo se complica cuando por azar, se descubre que la mujer violada y la que se ha suicidado son la misma persona. Dos asuntos que no tenían nada que ver, ahora se relacionan. La visión de los hechos parece dar un giro y el enfoque, antes claramente errado, deberá replantearse hacia una explicación criminal. 

La falta de pruebas que sustenten el asesinato y la previa violación hace que tanto la juez, como el inspector Quintero –colaborador en la investigación–, deban iniciar de nuevo la ronda de interrogatorios entre familiares de la víctima y vecinos del bloque. La búsqueda de pruebas se hace perentoria para poder seguir manteniendo abierto el caso, así como el prestigio de firme y certero magistrado que hasta ahora había logrado la juez. En esa tesitura, la cooperación con Goitia se hará ciertamente importante, e incordiante, para Mariana, que cada vez es más consciente de la triste hipocresía de ciertos sectores sociales. Solo hace falta escarbar un poco para ver la oscura corrupción moral que domina la alta sociedad de la ciudad, sus enredos especuladores y las relaciones de silencio que parecen primar en sus acciones. Al margen de esa realidad, la juez de Marco verá como su vida personal es sacudida por unos sentimientos que creía olvidados desde hace tiempo. 

J. M. Guelbenzu (Madrid, 1944) estudió en Icade y en la Facultad de Derecho de la Complutense. Entre 1964 y 1969 trabajó en la revista Cuadernos para el Diálogo, y colaboró en diversos medios de la época como Informaciones, Madrid o Signo. En 1967 con su primera novela, El mercurio, quedó finalista del Premio Biblioteca Breve. Ha sido director de los sellos editoriales Taurus y Alfaguara, llegando a compaginar ambos cargos hasta el año 1988 en que decidió dedicarse por completo a la literatura. Ha venido colaborando, como crítico literario y articulista, en el diario El País desde su fundación. 

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