martes, 1 de abril de 2014

"El hombre que arreglaba las bicicletas" de Ángel Gil Cheza


El testamento de un escritor de novela negra empuja a su viuda, a su hija y a una antigua novia irlandesa —a la que abandonó años atrás sin explicación alguna— a convivir un verano en su casa de la playa junto a un taller de bicicletas en la costa mediterránea.

Hay novelas que no se pueden contar, ni tan sólo describir, porque sería como explicar un beso antes de darlo. El hombre que arreglaba las bicicletas es un verano en algún lugar de nuestro imaginario.

En "El hombre que arreglaba las bicicletas" (Suma de Letras), las protagonistas son tres mujeres que, "aunque son felices", se dan cuenta, tras la muerte de un escritor -marido, padre y antiguo amante, respectivamente-, lo distinta que podía haber sido su vida en circunstancias diferentes.

Ángel Gil Cheza consigue contagiarnos su particular modo de ver el mundo; un lugar en el que se escucha cada palabra, se atiende a cada gesto, y donde cada momento que compartimos con alguien cuenta.

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