jueves, 11 de abril de 2013

"El Cementerio vacío" de Ramiro Pinilla


El Cementerio vacío (Tusquets) es la segunda obra protagonizada por Samuel Esparta, trasunto de Sancho Bordaberri cuando le da por hacerse detective, vestirse con la gabardina y calzarse el sombrero que le trajo su tío de América y convertirse así en el mejor homenaje a Sam Spade. 

En medio de una romería, los vecinos de Getxo descubren el cadáver de la joven y hermosa Anari, y sobre ella, gritando desesperado, a un maketo del otro margen de la Ría con el que al parecer iba a fugarse. Al día siguiente, en la librería de Sancho Bordaberri, alias Samuel Esparta, entran dos niños dispuestos a empeñar sus ahorros para contratar sus servicios como investigador privado: quieren demostrar que el maketo, al que todos querían linchar, es inocente. Samuel descubre que fueron muchos los pretendientes y familiares que vieron a Anari la noche fatídica, y el caso se complica porque sus pesquisas se cruzan con las del comisario de la policía Político-Social. Por si fuera poco, se dará de bruces con una persistente leyenda popular según la cual las tumbas de los cementerios costeros se vacían por el fondo y vierten sus cadáveres al mar, donde tal vez los amantes vivan juntos para siempre. 

Ramiro Pinilla (Bilbao, 1923) tuvo una fulgurante aparición en los años sesenta con Las ciegas hormigas (1961, Premio Nadal y de la Crítica; Tusquets Editores, 2010) y con Seno (finalista del Planeta 1971). Pero tras ese comienzo exitoso, Pinilla decidió publicar sólo en pequeñas editoriales durante más de treinta años. La edición en 2004 y 2005 de la excepcional trilogía Verdes valles, colinas rojas –Premios Euskadi, Nacional de la Crítica y Nacional de Narrativa– descubrió a muchos que se trataba de uno de los grandes escritores contemporáneos. Así lo confirmaron sus novelas La higuera (2006), Antonio B. el Ruso, ciudadano de tercera y Aquella edad inolvidable (2012), o la recopilación de Los cuentos (2011). Con Sólo un muerto más (2009) inició su serie policiaca, protagonizada por el detective librero Samuel Esparta. El cementerio vacío, la segunda entrega de la serie, confirma que Pinilla es también un excelente escritor policiaco, capaz como pocos de mantener la intriga y la emoción humana en el Getxo de la posguerra, el territorio ya mítico de toda su obra.

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