jueves, 14 de marzo de 2013

"Atomka" de Franck Thilliez


¿Sufres el síndrome THILLIEZ? Presentamos "Atomka", el esperado regreso de Sharko y Lucie tras "El síndrome E" y "Gataca". Después de estas éxitosas novelas, el próximo 20 de marzo sale a la venta en nuestro país Atomka, quinta entrega de la saga escrita por Franck Thilliez y que si mantiene el nivel de sus antecesoras, promete ser tan excitante como las anteriores.

Un caso sin resolver de hacía diez años. Una periodista de investigación que no daba señales de vida y cuyo apartamento había sido puesto patas arriba. Otro periodista que exhumaba los casos de esos falsos ahogamientos y moría en el fondo de un congelador. Un chaval errante traumatizado. ¿Qué unía todos esos hechos?

Lucie y Sharko se enfrentarán al lado más oscuro del mal en este caso, en el que seguirán la pista de dos periodistas con ganas de descubrir una terrible red de experimentación con humanos para lograr la deseada e incalcanzable inmortalidad. De las montañas del norte de Francia al desierto de Nuevo México en Estados Unidos, de Chernóbil a Atomka, un centro atómico soviético, la pareja de avezados policías harán frente a un terrible complot, cuyos orígenes se remontan al Proyecto Manhattan, aquel que construyó la bomba que terminaría arrasando Hiroshima y Nagasaki en 1945 y pondría fin a Segundo Guerra Mundial e inauguraría la Era Atómica.

Está la historia del manuscrito, los lagos helados y la «animación suspendida». Un caso espantoso y a la vez extraordinario. Mujeres ahogadas en lagos, físicamente muertas, que vuelven misteriosamente a la vida. Un manuscrito, llegado de Estados Unidos, que recorre Europa con instrucciones precisas sobre cómo atomizar cuerpos hasta la vida eterna… ¿Hasta dónde serías capaz de llegar para lograr la inmortalidad? ¿Y si hubiera alguien jugando a ser Dios?

Cxg7+ era la vigésimo primera jugada

«Nadie es inmortal. Un alma en la vida y en la muerte. Allá, ella te espera. Estaba escrito con las letras en sangre, con la punta de un palo de madera o algo semejante

El Ángel Rojo no descansa. Lucie y Sharko viven aprisionados por sus traumas, por sus fantasmas, por el mal. Durante el caso que los ocupará en Atomka, ambos vivirán su propio infierno de la mano de su pasado. Por su parte, Sharko volverá a enfrentarse a su némesis, El Ángel Rojo, que aunque halló la muerte en manos del mismo policía, ha encontrado a un continuador de su legado de sangre que le propondrá a Sharko una partida de ajedrez… a muerte.

Lucie, atenazada por la pérdida familiar en manos de un loco, intentará recuperar su vida y seguir adelante con el deseo de convertirse, de nuevo, en madre junto a Sharko. Sin embargo, los fantasmas acechan…

Franck Thilliez (Annecy, 1973) es ingeniero de nuevas tecnologías y autor de varios libros, entre ellos Train d’enfer pour Ange rouge (2003), La chambre des morts (2005), Deuils de miel (2006), La forêt des ombres (2006), La mémoire fantôme (2007), L’anneau de Moebius, Fractures (2009). Tras El síndrome E y Gataca, ambos publicados por Destino, llega Atomka, la tercera entrega de la serie protagonizada por Lucie Henebelle y Franck Sharko.

«Acabé la investigación acerca de Atomka en enero de 2011 y, acto seguido, comencé a escribir el libro. Antes de iniciar mi larga fase de documentación en torno al átomo en 2010, solo conocía la catástrofe de Chernóbil a grandes trazos: la explosión de uno de los reactores, la nube radiactiva que recorrió Europa o las consecuencias en la salud. En el curso de mi investigación, lo que para mí no era más que un terrible accidente se reveló como una de las peores plagas que jamás haya conocido la humanidad.

La radiactividad no puede ser destruida, y veintiséis años después, sigue causando estragos en las regiones ucranianas y bielorrusas donde, días después de la explosión, por desgracia llovió, precipitándose así los elementos radiactivos al suelo. El cesio 137 prosigue su labor de destrucción y multiplica los cánceres, las malformaciones cardiacas y los retrasos mentales. Eso aún durará cientos, miles de años y, si no se hace nada, esas poblaciones no conseguirán recuperarse jamás. Y mientras los términos «yodo 131», «plutonio», «escape de reactor», «zona prohibida» o «liquidador» acompañaban mis pensamientos, mientras el espectro de Chernóbil se iba apoderando de mí, llegó Fukushima, el 11 de marzo de 2011. El accidente tuvo lugar mientras escribía el capítulo 7 de mi novela y describía en aquel momento el estado físico de un niño devorado por el átomo.

Una siniestra coincidencia. Un horrible sobresalto. Fui incapaz de escribir durante todo ese período en el que el mundo estuvo pendiente de los reactores nucleares de la central japonesa. Veía a aquellos hombres a los que enviaban muy cerca del desastre, a pesar de los escapes de elementos muy radiactivos, y me dije: «Sucedió exactamente igual hace veinticinco años». La evacuación, los liquidadores, la nube radiactiva, las pastillas de yodo para saturar la glándula tiroides… Comprendí entonces que, a pesar del progreso, de la tecnología y de una seguridad a buen seguro mejor, el hombre sigue estando desarmado ante el átomo. No quiero siquiera imaginar el aspecto del mundo de hoy si el núcleo de uno de los reactores se hubiera fundido y se hubiera hallado al aire libre. Afortunadamente, y al contrario que en Chernóbil, había muros de contención que evitaron lo peor. Proseguí entonces la escritura, pero algo había cambiado. El pasado me había alcanzado y dudé durante mucho tiempo si proseguir o no por la vía que me había fijado. Por fin, me ceñí al plan original y añadí algunas alusiones a Fukushima, porque evidentemente había que tenerlo en cuenta. Comencé este libro convencido de que no volvería a reproducirse una catástrofe como la de Chernóbil. Lo acabé con sabor a átomo en los labios.»


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