sábado, 19 de enero de 2013

"Peores maneras de morir" de Francisco González Ledesma


Peores maneras de morir es una sorprendente historia de víctimas que se convierten en verdugos. Una muchacha huye desesperada por las calles del Raval de Barcelona: un hombre la persigue. Buscando refugio, entra en un edificio medio abandonado. Allí, en la única vivienda con luz, otra joven la esconde, confiada. Sin embargo, el perseguidor mata a ambas muchachas. Una de ellas era la ocupante del piso, Miriam, hija de un dibujante y profesor de tiro con arco; la otra, posiblemente ucraniana, parece ser la típica víctima del tráfico de mujeres: una joven, casi una niña, que ha intentado escapar de sus captores sin conseguirlo. 

En otro lugar de Barcelona, en una casa lujosa que sirve de cubil a los miembros de una organización internacional de trata de blancas, una joven está siendo violada por el encargado de amansarla. Pero, sorprendentemente, el violador termina con un punzón clavado en los genitales que la muchacha se había introducido previamente en la vagina. El hombre acaba muerto, desangrado, y el compañero que acude a sus gritos, recibe una bala en la nuca. 

Este es el arranque de una impactante novela negra, que tiene como argumento el sórdido mundo del tráfico internacional de mujeres. Un asunto que sigue repugnando a un hombre tan curtido y de vuelta de todo como el policía Méndez, viejo conocido de los lectores de González Ledesma. Antes, en tiempos del policía, la prostitución no generaba demasiados asesinatos. Ahora sí, la trata de blancas cuesta centenares de vidas y es un negocio tan lucrativo que quienes lo manejan son casi invulnerables. Nadie sabe el dinero que mueve esta industria; nadie quiere saberlo. Es mejor cerrar los ojos, piensa Méndez, y olvidar ese submundo en el que se mueven como peces en el agua asesinos de la peor calaña, negreros sin escrúpulos, y mujeres sin esperanza. 

“Si el mundo obrero de hace muchos años, con su pequeña y solitaria alegría de los sábados por la noche, necesitaba trabajadoras de la cama, el mundo capitalista y global de hoy, con sus crisis internacionales, sus fronteras abiertas y sus cuentas secretas, necesita transferencias de dinero y transferencias de mujeres que buscan un mundo mejor.” 

Ya Méndez vio el poder de estas mafias cuando intentó encarcelar a Muller, uno de los tratantes de mujeres más importantes de Europa, que en la actualidad reside en Barcelona bajo la apariencia de un honrado hombre de negocios. 

Esta impunidad hace que al viejo policía se lo lleven los demonios. Por ello, cuando aparecen las dos jóvenes asesinadas por el mismo cuchillo, el jefe de Méndez no quiere que éste se entrometa en el asunto. Sabe que el policía es incapaz de respetar la ley si tiene que buscar a un asesino tan repugnante. Pero primero hay que encontrar a esa otra joven que ha conseguido escapar de sus carceleros matando, y hay que hacerlo antes de que ellos la encuentren, porque entonces no habrá misericordia. Descubren que se trata de Eva Ostrova, una joven ucraniana de quince años que estuvo recluida en su país en un sanatorio psiquiátrico, la presa perfecta para la organización criminal. Para Méndez, todo el asunto apunta a Muller, aunque nadie quiera verlo. 

Como suponía su superior, Méndez no está dispuesto a respetar la jerarquía y se lanza a su investigación personal. Sus pesquisas le llevan hasta la Patri, una vieja prostituta del barrio. Es ella quien tiene a la joven escondida. Lo hizo cuando la encontró rebuscando en la basura y se la llevó a casa. La Patri le cuanta a Méndez que recibe ayuda de una mujer muy católica, pero Méndez, durante un tiempo, no dará importancia a este comentario. 

Entonces Méndez decide no decir nada de Eva Ostrova, aunque haya cometido un crimen digno de pasar a los anales de la crónica negra de Barcelona. No dirá nada por todo lo que recuerda, por su vida pasada y porque no es justo que Eva vaya a la cárcel cuando gente como Muller está libre, gente sin alma, sin corazón, que ha convertido el mundo en un lugar perverso. Calla, incluso, cuando aparece una nueva víctima de la joven, otro sicario de Muller que ha sido hallado a las afueras de Barcelona envenenado por la picadura de una serpiente coral. 

Ahora todos buscan a Eva, que se ha convertido en una auténtica máquina de matar. Los criminales se enfrentan a un enemigo silencioso, invisible, que actúa y desaparece, y, sobre todo, que no tiene miedo, ni escrúpulos, ni otro pensamiento que el de vengarse. Un enemigo muy difícil de vencer. Mucho más porque si Eva escapó fue gracias a Cris, una de las pocas mujeres fuertes de la organización, que ha comprendido que Eva puede ser la clave para hacerse con el poder total del negocio. Todo esto tiene bastante nervioso a Muller, y no le deja concentrarse en su última pasión, la que siente por Mónica Arrabal, con quien comparte obras de caridad que le dan un aire de respetabilidad inmejorable. Mónica, viuda reciente de un hombre acaudalado, es una mujer bella y muy religiosa que intenta hacer el mayor bien posible. 

Irónicamente, Muller busca a Eva sin saber que Mónica es quien la está ayudando. Alertada por Méndez, Mónica habla con Eva para saber si tiene algo que ver con el asesinato. Y Eva le contará la historia terrible de su infancia, cuando aprendió  que para sobrevivir hay que adaptarse al medio y que para vengarse hay que buscar el mejor momento. 

Mónica, de creencias religiosas muy firmes, no puede permitir que ocurra lo que está pasando. Decide acudir a la policía, pero duda. Sus convicciones empiezan a tambalearse al comprender que la vida fuera de las paredes confortables de su casa puede llegar a ser muy cruel y Méndez estará ahí para recordarle que la justicia y la ley casi nunca van de la mano.  

Francisco González Ledesma (Barcelona, 1927) ha sido redactor jefe de La Vanguardia de Barcelona, y antes de El Correo Catalán. Es un veterano periodista que en otro tiempo estuvo llamado a ser el novelista de éxito más joven de España. A los veintiún años obtuvo el Premio Internacional de Novela, instituido por el editor José Janés, y en cuyo jurado figuraban personalidades como Somerset Maugham y Walter Starkie. Pero la censura franquista prohibió reiteradamente esta obra, Sombras viejas, reduciendo al autor, como a tantos otros de su generación, al desánimo y al silencio. Igualmente estuvo prohibida su segunda novela, Los Napoleones, que solo fue posible publicar con la transición política. 

Ha firmado numerosas novelas del Oeste con el seudónimo Silver Kane, ha publicado un libro de derecho, El dret catalá actual, y las novelas El expediente Barcelona (finalista del Premio Ciudad de Valencia 1983) y Las calles de nuestros padres, donde adquiere pleno protagonismo el desengañado policía Méndez, hijo de los barrios bajos y conocedor impío de los barrios más altos. De esta serie de Méndez ha publicado varias novelas en Francia con gran éxito y en España. Las últimas, No hay que morir dos veces (2009) y Una novela de barrio (2007). 


No hay comentarios:

Publicar un comentario