miércoles, 16 de enero de 2013

"El guardián invisible", de Dolores Redondo. ¿Qué se esconde en los valles del Baztán?





«Alrededor de los cadáveres aparecían pelos de animal, restos de piel y rastros dudosamente humanos, unidos a una especie de fúnebre ceremonia de purificación. Una fuerza maligna, telúrica y ancestral parecía haber marcado los cuerpos de aquellas casi niñas con la ropa rasgada, el vello púbico rasurado y las manos dispuestas en actitud virginal.» 

A orillas del río Baztán, en el norte de Navarra, han aparecido los cadáveres de dos adolescentes asesinadas y mutiladas. Todo apunta a un asesino en serie y nadie mejor que Amaia Salazar, inspectora de la Policía Foral instruida en el FBI, para llevar el caso. El malhechor imprime en sus crímenes la huella de la riquísima mitología del valle del Baztán, hasta el punto que Amaia y su equipo se verán, por momentos, enfangados en una nada racional tesitura: ¿pueden ser los crímenes objeto de un basajaun, una criatura de leyenda? El tiempo corre en contra de la inspectora. El sanguinario proyecto del asesino acaba de empezar. Aquellas dos son sólo las dos primeras víctimas.   

Un thriller que mezcla con originalidad el realismo de una investigación policial con la magia de la mitología vasco-navarra, las detalladas descripciones de pruebas científicas forenses con una asfixiante atmósfera de leyenda, una trama alambicada y trepidante con una escritura lírica y evocadora. Una novela con una protagonista, la inspectora Salazar, emocionalmente compleja que la autora disecciona con afilado bisturí psicológico. 

El guardián invisible se ha vendido ya a siete territorios antes de su publicación en España. Se publicará internacionalmente durante el primer semestre del año. En Francia, abrirá y amadrinará la colección Cosmopolite Noir de Éditions Stock. El productor que llevó la serie Millennium de Stieg Larsson al cine se ha hecho con los derechos.   

La inspectora de la Policía Foral de Navarra, Amaia Salazar 

«Un don natural para percibir el mal.»

La inspectora de la Policía Foral de Navarra Amaia Salazar, protagonista de El guardián invisible, aúna las contundentes fragilidades de Clarice Starling y Lisbeth Salander. Una mujer dura, inteligente, decidida y perspicaz que vive angustiada por “una maternidad que no acababa de llegar. Una maternidad que le dolía… Una maternidad con la que quería compensar en otro ser humano, sangre de su sangre, la infancia feliz que ella no tuvo”.     

Amaia sufre terrores nocturnos y necesita dormir con la luz encendida. Ni tan siquiera la persona que comparte su vida en Pamplona, su marido, un afamado escultor estadounidense, conoce el secreto de aquel trauma. Un terrible suceso de su niñez en Elizondo, la capital del valle del Baztán, donde regresará para investigar los asesinatos. Un regreso que tendrá en ella imprevisibles consecuencias.     

«He pasado años intentando esconderme en Pamplona, tengo una placa y una pistola y he evitado venir al valle del Baztán durante mucho tiempo porque sabía que si volvía me encontrarían… Este monstruo que mata niñas y las deja en el río, niñas como yo... El mal me ha obligado a volver, los fantasmas han salido de sus tumbas alentados por mi presencia, y ahora me han encontrado.» 

Las únicas personas que conocen el secreto de Amaia son quienes la acogen en Elizondo, su tía y sus dos hermanas, Flora y Rosaura. La familia es propietaria de una las fábricas de dulces más antiguas de Navarra. La cruel y amargada Rosaura mayor es quien regenta el negocio. La víctima sus continuos y despiadados reproches es la frágil Rosaura. Ambas arrastran dos enfermizas y fracasadas  relaciones sentimentales. Una claustrofóbica convivencia envenenada por el terrible acontecimiento que Amaia desesperadamente intenta olvidar. Volver al valle del Baztán abrirá “una pequeña grieta en la prisión de miedo y silencio con la que había construido barrotes de secretos pesares con los que contener al monstruo que venía a visitarla por las noches”.   

En una intriga que acelera el pulso cardíaco del lector al pasar las páginas, las pistas del caso del asesino en serie quedarán envueltas por la tóxica nebulosa familiar de Amaia. ¿Estarán relacionadas?     

Con el personaje de Amaia, la autora explora la complejidad de los vínculos familiares y los límites del terror racional del que no podemos huir ni escondernos porque no es un monstruo bajo la cama sino una criatura que vive en nuestro interior.   

Elizondo, en el valle del Baztán   

«Amaia sentía en aquel bosque presencias tan palpables que resultaba fácil aceptar una cultura druida, un poder del árbol por encima del hombre, y evocar el tiempo en que en aquellos lugares y en todo el valle la comunión entre seres mágicos y humanos fue religión.»

Sus bosques frondosos e impenetrables,los dólmenes que salpican su paisaje y las cuevas habitadas desde hace miles de años han hecho del valle del Baztán un lugar poblado por leyendas de criaturas mágicas, un escenario de miedos ancestrales, avivados por los innumerables desastres que han asolado a sus pobladores a lo largo de la historia: corrimientos de tierra, epidemias de tos ferina y tuberculosis, riadas e inundaciones, cosechas podridas sobre sí mismas sin llegar a salir de la tierra...  “No era extraño que hacía apenas cien años el 90 por ciento de la población del Baztán creyese en la existencia de brujas, en la presencia del mal acechando en la noche y en los ensalmos mágicos para mantenerlos a raya”.     

«En el Baztán, la noche era oscura y siniestra. Las paredes del hogar seguían guardando como antaño los límites de la seguridad, y fuera de ellos todo era incertidumbre.»

Si una niña “no tenía ni una sola mancha o lunar en todo su cuerpo” se la tachaba de belagile, bruja. También se creía en la existencia de un genio, “poderoso, caprichoso y terrible, que además es femenino y se llama Mari. Ella vive en las cuevas y en los riscos, siempre en lo alto de los montes. Simboliza la madre naturaleza y el poder telúrico. Es la que protege las cosechas y los partos del ganado, y la que propicia la fecundidad no sólo de la tierra y el ganado, sino también de las familias”.     

El ser mitológico al que se refiere el título de la novela, el guardián invisible, el presunto asesino, es el basajaun: “Un homínido que mide unos dos metros y medio de alto, con anchas espaldas, una larga melena y bastante pelo por todo el cuerpo. Habita en los bosques, de los que forma parte y en los que actúa como entidad protectora. Según las leyendas, cuidan de que el equilibrio del bosque se mantenga intacto. Y aunque no se prodiga demasiado, solía ser amistoso con los humanos. Por la noche, mientras los pastores dormían, el basajaun vigilaba las ovejas desde la distancia y, si se acercaba el lobo, despertaba a los pastores con fuertes silbidos que componían todo un idioma y eran audibles a varios kilómetros de distancia. También solían avisarlos desde los cerros más altos cuando se aproximaba una tormenta, para que los pastores tuvieran tiempo de poner el rebaño a salvo en las cuevas cercanas. Y los pastores se lo agradecían dejando sobre una roca o en la entrada de una cueva algo de pan, queso, nueces o leche de las mismas ovejas”. 

«El bosque siempre le producía un secreto orgullo de pertenencia, aunque su grandiosidad también le provocaba temor y vértigo. Sabía que lo amaba, pero el suyo era un amor reverente y casto que alimentaba en silencio y en la distancia.»

La naturaleza, capturada en toda la agresividad del mes de febrero, cala todas las páginas de la novela y todos los pasos de la inspectora Salazar. “Cuando paseaba por las abiertas praderas entendía a los que desde muy lejos venían a Elizondo y suspiraban embelesados por la belleza sobrecogedora de aquel pequeño universo idílico escondido entre montañas de poca altura tapizadas de valles y prados de belleza imposible, sólo interrumpidas por bosques de robles y castaños y pequeñas aldeas rurales. Sólo el rumor del Baztán rompía el silencio del paisaje. El bosque más misterioso y mágico que existe”.    

Dolores Redondo (Donostia-San Sebastián, 1969) estudió Derecho y Restauración gastronómica aunque siempre, desde niña, quiso ser escritora. Comenzó escribiendo relatos cortos, cuentos infantiles y la novela Los privilegios del ángel  al tiempo que se dedicaba a distintos negocios. Fue con la escritura de El guardián invisiblecuando decidió volcarse a tiempo completo en el oficio de narrador.  En  estos momentos, Dolores Redondo vive su  excepcional bautismo literario a nivel internacional desde un pequeño pueblo de la Ribera Navarra donde ya está escribiendo su próxima obra con la inspectora Amaia Salazar como protagonista. www.doloresredondomeira.com   

Una honesta Cenicienta 

«Me asombra que aquella novela que yo escribí cada tarde mientras mi marido hacía la cena a nuestros hijos en un pequeño pueblo de la Ribera de Navarra, esté hoy sobre la mesa de algunos de los más importantes editores de todo el mundo. [...] Me siento como cenicienta cuando llegó el hada y comenzó a transformar la vulgaridad en algo nuevo, brillante y cargado de esperanza. Me gusta el concepto cenicienta siempre que no olvidemos que cenicienta no era una princesa, que no se había ganado el nombre en un club de golf, sino trabajando muy duro.»   

«Escribí la novela que quería leer, y puse en ella todos los elementos que a mí me gustaban, tome la decisión de cerrar la puerta y escribirla, de atreverme de una vez, sin importarme nada más. [...] El guardián invisible, es un ejercicio de cirugía  escarbando hasta tocar el nervio, el lugar donde duele , donde crece el llanto , la angustia y el miedo. Me ha costado llegara hasta aquí, atreverme a abrir la puerta, a buscar y encontrar ese lugar y sin embargo ahora me parece tan obvio que casi mueve a la risa, porque como lectora lo había hallado muchas veces, y cada vez que lo encontraba en los textos de otros lo reconocía de inmediato .Honestidad.»   

«El guardián invisible es la punta del iceberg de lo que pasa en Baztán y es una novela sobre el miedo. No sobre el monstruo de debajo de la cama , ni sobre el monstruo real que acecha en las esquinas ,sino el que llevamos en nuestro ADN por ser humanos , el miedo a que el miedo regrese a que esta vez te atrape y se lleve tu cordura, a la certeza de que eso que dejaste atrás  nunca está enterrado suficientemente profundo y esa certidumbre en la que no queremos pensar  de que una crecida del río , un pequeño temblor de tierra o el simple y constante soplo del viento pueden desenterrarlo y sabes que ese día volverá a por ti a acabar su trabajo.»   

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